Grado de felicidad en Bolivia
angelica-bassi 24-05-2007 GTM -4 @ 16:27 Tags: felicidad• FELICES CON BEMOLES • Hombres y adolescentes se encuentran más a gusto que las mujeres, sobre todo las amas de casa.
Un estudio afirma que el 67% de la población nacional es feliz.
Los adolescentes son los más chochos de toda la población.
La gente del trópico se siente mejor que la del altiplano.
La salud es el segundo aspecto que aporta satisfacción.
La mayoría de los bolivianos de distintos estratos sociales (67%) declara ser feliz. Y señala a la familia como motivo de ese estado. Así lo muestra una investigación realizada por la empresa Cimagroup, que aplicó encuestas y entrevistas a individuos de ambos sexos, de 13 a 80 años.
Según el diccionario, la felicidad es un estado de ánimo que se complace en la posesión de un bien. Según el filósofo Platón, el fin del ser humano es la felicidad, y es el Estado el encargado de asegurarle ese derecho.
Para la investigación realizada en el país —La Paz, El Alto, Cochabamba y Santa Cruz— se identificaron 12 variables o momentos a través de los cuales se puede cuantificar la satisfacción con distintos aspectos de la vida que se traducen en felicidad.
Esas variables son la vida familiar, el trabajo, la casa, la situación económica, la apariencia física, la salud, el barrio de residencia, la vida amorosa, las actividades en el tiempo libre, la vida social con amigos, la cantidad de tiempo libre y el nivel de educación.
La primera constatación de la investigación es que el 67% de los bolivianos se considera feliz. Gravita en ello la estabilidad emocional y laboral que se mide a través de cuatro factores: la vida familiar, el trabajo, la casa y la situación económica. De ellos, la familia atrae mayores votos. Lo que se refuerza con la respuesta a la pregunta abierta que pedía elegir una sola cosa que haya otorgado la mayor felicidad: salió la familia. Al menos así lo ha manifestado el 43% de la población, seguida por el 35% que menciona el hecho de ser padre o madre como fuente de felicidad.
Este apego se confirma además con la pregunta que indagó en el mayor temor de la gente. El 24% de los bolivianos apuntó a la muerte de un familiar.
Cuando se aborda el tema de la calidad de vida personal, la salud aparece en primer sitial.
A nivel de regiones, la gente del trópico, para el caso Santa Cruz (84%), desborda de dicha. En segundo lugar están los paceños (61%), en tercero los cochabambinos (59%) y en cuarto los alteños (54%). Estos últimos hacen que, a nivel regional, el altiplano quede en tercer puesto (58%) después del valle.
Respecto al género, menos mujeres son felices respecto a los hombres, sobre todo en segmentos de 13 a 17 y de 26 a 40 años.
Otra variable que marca distancia es la posición socioeconómica, pues los menos felices son los de estrato bajo (60%) frente a los de estrato alto (82%).

Cuando se trata de perfilar el futuro, las respuestas permiten identificar a dos grupos: conservadores (pesimistas) y liberales (optimistas). Los primeros son los adultos y más los hombres que las mujeres, lo que permite afirmar a los encuestadores que “los más pesimistas están en extinción”..
“La adolescencia es el motor del mundo”. Con esta frase, el sicólogo Bismark Pinto resume esta etapa de la vida humana en la que las responsabilidades son menores y por ello está permitido soñar y tener ideales. El estudio muestra que la gente de 13 a 17 años es la más feliz y que este estado decrece a medida que avanza la edad. Esta realidad es muy distinta respecto a los países desarrollados, explica Cimagroup, donde la felicidad se recupera una vez terminado el periodo laboral de vida.
La mujer no se conforma con ser ama de casa
Lejos han quedado los días en que la mujer se conformaba con quedarse en casa y cuidar de los niños para realizarse. Las bolivianas que trabajan se declaran más felices que las amas de casa, mientras que el 26,9% de estas últimas afirman estar en busca de trabajo.
Esta variable incide de igual manera en el bienestar de hombres y mujeres, constituyéndose en un aspecto central. La diferencia se da en que los varones asocian la satisfacción con el trabajo y la situación económica.
El miedo al fracaso acecha a los jóvenes
“Mis papás quieren que sea médico, aunque yo no quiero. Pero lo voy a ser porque los amo”. Cuántos jóvenes entre los 18 y 25 años habrán repetido frases como ésta. Ello explica que el mayor miedo de los estudiantes bolivianos sea al fracaso académico y profesional.
Bismark Pinto explica este temor por la exigencia que la sociedad actual impone a sus miembros jóvenes de una profesión universitaria como condición de bienestar. El riesgo es que se les esté privando de elección.
Un futuro tecnologizado, pero sin valores
De cada 10 bolivianos, nueve auguran un futuro tecnologizado y con una calidad de vida mejor que la actual. Sin embargo, la mitad de ellos concluye en que los valores sufrirán cambios para mal.
Respecto al pasado, la impresión que tienen las personas es que hoy están mejor que sus padres, sobre todo en el caso de las mujeres de estrato alto. En cambio aquellas que están en un estrato bajo sienten que su situación es peor que la que vivieron sus madres.
ANÁLISIS
Bismark Pinto, sicólogo terapeuta familiar
“El mayor capital de países como Bolivia es el afecto”
Entre los valores de Bolivia, pero también de los países mal llamados ‘en desarrollo’, son el afecto, el amor, la familia, a diferencia de lo que ocurre en los países llamados ‘desarrollados’, donde lo más importante es el individuo.
Yo creo que los países desarrollados somos los países pobres, porque los pobres no tenemos otra cosa que dar sino nuestro corazón. Entonces, lo más valioso es eso: la familia, el quererse, el estar pendiente de los hijos, y los hijos pendientes de los padres.
Claro que, como en todo, hay extremos y esa relación puede tornarse nefasta cuando es llevada al extremo y no se deja que los hijos se desvinculen. Eso implica que algunas familias hagan que los hijos sientan que tienen una deuda que pagar y, por lo tanto, los hijos no dejen de pensar en sus papás como prioridad.
Una de las consecuencias de ello, sobre todo en las clases media y alta, es la exigencia a los hijos para tomar caminos que los padres creen los correctos. De allí la exigencia de que elijan una profesión “universitaria”, de que vayan al extranjero. De allí la infelicidad de quienes no pueden decidir solos.
Pero esas son minorías. La mayoría de las familias bolivianas disfruta de sus relaciones. El nuestro es uno de los pocos países donde aún se desarrollan actividades familiares los fines de semana. Asimismo, mientras en otros países los ancianos viven solos, aquí, la mayoría de las familias tiene a los abuelos como miembros de la casa.
Que de todas maneras hoy los bolivianos se marchan del país, es cierto. Pero lo hacen con el corazón roto y pensando no en el individuo sino en la familia, que tenga mejores condiciones para volver a reunirse.
Diana Urioste, secr. ejec. de la Coordinadora de la Mujer
“Trabajar fuera de casa hace que la mujer viva a plenitud”
El trabajar solamente dentro de la casa limita las posibilidades de desarrollo personal de la mujer. Si bien es un espacio donde las mujeres que no trabajan fuera de la casa se desarrollan a plenitud, este desarrollo en el fondo está restringido, ya que vincula a las mujeres única y exclusivamente a su función reproductiva, a su rol de madres y esposas. Además, las limita al mundo de la vida privada.
En cambio, el salir a trabajar fuera de la casa permite a las mujeres ampliar sus horizontes más allá de la función reproductiva, y les permite desarrollarse como seres humanos con mayor amplitud y con mayor plenitud también.
La mujer que trabaja fuera de la casa amplía sus relaciones sociales, sus conocimientos, pero además está desarrollando actividades productivas, con un valor económico al margen de la actividad reproductiva que no tiene ningún reconocimiento material.
Un elemento clave es que el trabajar fuera de la casa —porque no hay que desconocer que las mujeres que son amas de casa también trabajan— tiene que ver con una actividad de generación de ingresos económicos. Y esto permite a las mujeres mayores posibilidades de desarrollo y de autonomía.
Sobre la familia, creo que el juicio o la opinión del entorno cultural de las personas hace que se vea a este ámbito (papá, mamá, hijos) como un valor o como un fin en sí mismo. Pero hay que aclarar que hoy tenemos familias en el país —casi el 30 por ciento— conformadas, por ejemplo, solamente por la madre y los hijos. Y no por eso son menos felices.

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